MUNICIPIO DE NAVIA DE SUARNA
En el año 1466-67 los campesinos del concejo participaron al lado de los hidalgos en la revuelta irmandiña y, la fortaleza de Navia fue una de las muchas derruidas, reconstruyéndose con posterioridad. Los condes de Altamira accedieron al condado a finales del siglo XV, probablemente hacia el año 1450 y, quizás por compra a un anterior propietario. En el año 1611, el conde hizo inventario de todo lo que poseía en el concejo, lo que dio lugar a dos gruesos legajos que se conservan en el Museo Provincial de Lugo. En el mencionado apeo se dice textualmente que es del conde la villa de Navia, con su jurisdicción civil y criminal, con las feligresías sujetas a ella y con su fortaleza donde los merinos que pone en la dicha villa viven, residen y administran justicia a los vasallos del lugar; pero, además de nombrar merino, nombraba también al escribano, tenía acotados en el río cuatro pozos de «pescaría» y un «caneiro». Cada año los campesinos debían pagarle 176 reales por derechos señoriales.
Toda esa serie de derechos eran cobrados por el conde en concepto de señor jurisdiccional del concejo y, aunque económicamente le reportaban poco, eran un eficaz medio de controlar el gobierno local; pero más importantes eran, no obstante, las rentas derivadas de las tierras cedidas en foro y la buena porción de los diezmos que se les satisfacían en el concejo, como patronos que eran de muchas parroquias; así pues, el dominio del conde era completo: en el terreno eclesiástico, en el civil y en el económico. Al lado del conde (el mayor rentista) había otros rentistas en el concejo de Navia, fundamentalmente hidalgos. Esta distribución de la renta es una peculiaridad de la montaña lucense, en contraste con otras comarcas de Galicia de fuerte predominio eclesiástico: en los concejos de Navia y Burón el predominio social de la hidalguía era absoluto, por cuanto se veían favorecidos por la ausencia de instituciones eclesiásticas (monasterios y cabildos).
Todo lo dicho hasta aquí acompañará a los naviegos hasta el siglo XX. Con posterioridad, la hidalguía de la zona simpatizó con el carlismo por temor a que las medidas del gobierno liberal acabasen con su poder; pero abatido el carlismo, la hidalguía continuará siendo en el siglo XIX la rama social gobernante en todo el territorio hasta que, en el siglo XX se derrumba este sector social al dejar la emigración sin caseros a los mayorazgos. Todo esto que parece sencillo, debe encuadrarse en el marco de una nueva situación política: las medidas desamortizadoras apenas habían supuesto trasvase de riqueza, habida cuenta de que la Iglesia tenía aquí escasas rentas, como ya dijimos. En el año 1830 fueron abolidos los diezmos, pero los hidalgos fundamentaban su riqueza en las rentas procedentes de los contratos de arriendo o foros; así pues, los campesinos siguen en 1845 pagando las mismas rentas que sus antepasados pagaron a las mismas «casas grandes». Cuando el carlismo fue abatido, la hidalguía de la zona continuó siendo el sector social dominante porque el propio sistema censitario del sufragio les proporcionó la ocasión de intervenir activamente en la vida política y en las elecciones.
Monumentos y lugares de interés
Habría que comenzar la relación del patrimonio municipal por los abundantes vestigios prehistóricos del municipio, como son las mámoas y dólmenes de Ferreirúa y Vilarpandín, o los castros de Liñares, Monterrío, Coedo y Larxentes, entre otros.
También, en las inmediaciones de Abrente existen sepulturas medievales de mampostería con cubiertas de pizarra.
En general, la propia capital es ya un gran conjunto monumental en el que destacan su castillo y su puente sobre el río Navia, el castillo es de pizarra y sus dueños, los Condes de Altamira, lo reconstruyeron tras la revuelta irmandiña (1467). Sus cimientos en las rocas siguen conservándose hoy en día así como parte de las murallas y torreones. Cerca se encuentra la denominada Ponte Vella, un puente de un sólo arco apuntado y con calzada de pizarra abombada y, al que la tradición popular considera romano aunque el actual sea de origen medieval. A este conjunto se une la belleza natural del entorno natural (el río Navia) que contribuye a realzar el conjunto artístico.
Además del Castillo de los Condes de Altamira tenemos otros ejemplares de construcciones civiles en Freixís, Virigo, Vilarpandín y Pin. Y, por último, la arquitectura popular tiene en todo el municipio múltiples ejemplares: todavía quedan restos de típicas pallozas ancareñas en las aldeas de la montaña (Muñís y Ribón), y de otras construcciones típicas de la zona como son los molinos, los palomares o los denominados «cortíns», (cierres para proteger colmenas), en Pan do Zarco y Vispeiro.
Vestigios arqueológicos
Mámoas y dólmenes de Ferreirúa, Castros de Liñares (Queizán), Monterrío y Ferreirúa, Cuevas en As Penas de Frou, Pallozas de Moia y Quintá, Castro de Coedo, Sepulturas medievales en Abrente y Molmeán, Pallozas y capilla de la Inmaculada en Ribón, Castro de Folgueiras (Son), Poblado de Virigo, Alzado de Busmor, Vestigio de primitivo poblado entre Ribón y Moia.
Iglesias
Balio, Barcia, Cabanela, Castañedo, Folgueiras, Freixís, Galegos, Moia, Puebla de Navia, Queizán, Ribón, Sevane, Son, Valo, Vilarpandín y Rao.
Capillas
San Ramón y San Bernabeu, Santa Icía en Coea, A Asunción en Lencias, Os Remedios en Vilaverde, Paradela, Abrente, Marcelín, Molmeán, Signada, San Antón de Meixamo, San Antón (Son), Os Remedios de Villarantón.
Castillos-Pazos y Casas
Castillo del Conde de Altamira, Casa Palacio de Freixís, Casa palacio de Virigo, Ruinas de la Casa Palacio de Vilarpandín y Casa Palacio de Pin.
Otros datos de interés
La artesanía municipal está, como la de toda la comarca, orientada y dirigida a una economía de aislamiento en la alta montaña lucense. Así, una economía autárquica (hasta hace pocos años) ha mantenido entre sus habitantes oficios artesanales como el de los guarnicioneros, encargados de confeccionar útiles, aparejos y prendas necesarias para la vida cotidiana con el cuero de los animales de la zona. Aún hoy en día se producen artesanalmente zuecos, albardas, cinturones y carteras, entre otros utensilios de primera necesidad.
La gastronomía de toda la comarca de los Ancares se puede definir como casera, basada en productos naturales y típicos de la zona. Junto a los derivados del cerdo, en especial las androllas – variedad del butelo típica del municipio-, nos encontraremos con ricas especies fluviales y esquisitas piezas de caza, al lado de castañas, nueces y miel, en el apartado de postres.
Más información: concellonaviadesuarna.es
