Historia

Las pallozas


De origen prerromano, son las viviendas tradicionales por antonomasia. Presentan planta oval, circular o elíptica, con techo de "colmo" y paredes de mampostería. En ellas vivían las familias con sus animales domésticos, los cuales les proporcionaban calor.
Son en realidad consecuencia directa del precario modo de vida vigente durante siglos, si bien resultan bastante imaginativas, al aprovechar tanto el desnivel del terreno para el vertido de aguas residuales, como su orientación adecuada al sol, para captar hasta el más mínimo rayo de luz.
La gran pendiente de sus tejados evita que la nieve y el agua sobrecarguen de peso la techumbre, eliminando así el peligro de derrumbamiento. Las chimeneas tampoco son necesarias, al filtrarse el humo a través de la paja.
En el interior se reservaba una parte como vivienda para las personas, otra para el ganado y otra para almacén de paja.
El habitáculo familiar constaba de la "lareira" para hacer fuego y cocinar, horno para cocer el pan y dormitorio.
La zona donde vivían los animales siempre estaba a un nivel inferior respecto al dormitorio de la familia. De esta manera, los excrementos permanecían apartados de las personas y se aprovechaba el calos animal como un rudimentario sistema de calefacción.



Construcción de una palloza
Construcción a partir de pies derechos apuntados, en la zona de Paradaseca, o apoyando la estructura en el muro y en puntales o "gorriones" (1) que consolidan el conjunto de lo que será la cubierta.
A. Ensamble en espiga del "angullón" (2) con el "cume" (3).
B. Ensamble engatillado de las "teixeiras" (4).
C. Apoyo de las "teixeiras" (4) sobre los "tirantes" (5).
Construidos los muros se colocan las "tercias", que van sobre unos maderos perpendiculares a las mismas, que antes están sujetos a las teixeiras. De una tercia a otra van otros palos más pequeños, llamados "ripias", que van atados a las tercias con vincallos de paja o con varas maleables. Sobre toda esta estructura trabaja el "teitator".
Antes de empezar a teitar se colocan sobre el muro unas lajas de piedra rectangulares, llamadas "barjos", que vuelan hacia el exterior, y cuya misión es separar las aguas de lluvia para que no caigan cerca del muro.

La leyenda de la mujer cierva
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